Queridos hermanos: Cuando San Mateo escribe su Evangelio, dirigido a los cristianos que provienen del judaísmo, se encontraba con un gran problema: si Jesús era el mesías, como no había sido reconocido por los maestros de la ley, por los sacerdotes y los escribas.
En esa dinámica se inscribe la parábola que hoy nos presenta el evangelista, la de los viñadores homicidas. En un somero resumen, Jesús presenta la historia del pueblo de Israel y su relación con el Dios de la vida y con los enviados de este.
La larga historia del pueblo de Dios, Está jalonada por la presencia de hombres y mujeres, los profetas, que hablaban en nombre del Señor, recordando la Alianza como ese pacto de amor que Dios había establecido con sus hijos.
Un hermoso reflejo de ello lo encontramos en la parábola que Jesús hoy pronuncia, la de la viña que Dios se escogió como heredad, el lugar quécon cariño se preparó cara a la llegada de su hijo.
Pero por desgracia, los custodios de dicha viña traicionaron la confianza del amo, no pagaron a tiempo las rentas, además de castigara dichos enviados. Y cuando el amo pensó en enviar a su hijo creyendo que lo respetarían, lo que hicieron aquellos labradores fue matarlo que al no haber heredero podrían actuar a sus anchas.
Esta es la situación escuchamos de labios de Jesús en el Evangelio de hoy, Joan Mateo necesita explicar a su comunidad el porqué de la actuación de los judíos ante Jesús, el mesías enviado por Dios para salvarlos. Esto lo confirma recurriendo a los libros de los salmos, con ese hermoso versículo que aparece que hacia el final de la lectura: la piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular.
Por eso termina estas palabras Jesús diciendo que ese pueblo amado de Dios que no supo reconocer a su Mesías fue sustituido por el nuevo Pueblo de Dios, por la Iglesia, de la que formamos parte todos nosotros.
Este regalo debe animarnos a renovar con ilusión cada día nuestro trabajo en la viña del Señor. No da igual cómo hagamos las cosas. O no podemos caer en la tentación del siempre se ha hecho así para dejarnos ir sin hacer una lectura seria de los “signos de los tiempos”.
Los creyentes en Jesucristo siempre han contado con el impulso del Espíritu Santo para conocer en cada momento qué es lo que más nos conviene, cómo podemos ofrecer una mejor respuesta a lo que la vida de fe nos pide.
Si somos capaces de actuar así, seguro que nuestro trabajo ayuda a construir el Reino de Dios, como ha ido ocurriendo a lo largo de la historia. Es más, el reto más urgente que seguimos teniendo es seguir añadiendo personas a esta labor, pues la mies es abundante y los obreros seguimos siendo pocos. Hay muchas personas que no han escuchado hablar de Jesucristo, que no saben que es él su Salvador. Y en nuestro testimonio de vida está ese “evangelizar”.
Al hilo de esta última afirmación, permitidme un apunte final. Acabamos de comenzar el mes de octubre, que además de ser el mes del rosario, para toda la iglesia es el mes dedicado especialmente a rezar por las misiones. Preparemos la próxima celebración del DOMUND, para tengamos en nuestro recuerdo y en nuestras oraciones a todos los misioneros y misioneras que a lo largo y ancho del mundo hacen presente la buena noticia de Jesucristo para todos.
Que el Señor nos ayude a impulsar con alegría esa evangelización, a que la fe en Jesucristo haga caer los muros del odio y del egoísmo, para que la necesaria fraternidad aflore en nuestras vidas y en la de todos nuestros hermanos. Que Dios os bendiga.




