lunes 27 abril 2026
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El nacionalismo se puede desmontar

Lo dice Vargas Llosa. Pero no es fácil preguntarse cómo se llegan a estos callejones sin salida y casi sin vuelta atrás que estamos viviendo. Y aunque es cierto que se han visto muchas bravuconadas y pulsos al Estado de Derecho, también hay miles de catalanes pacíficos y reflexivos que han vivido con la esperanza de pertenecer a una nación libre. 
 
No se identifican con la nación española y no quieren oír hablar nada que les llegue del Gobierno central. Estas situaciones se producen en un largo plazo de tiempo. Cuando acuden a una escuela donde les obligan a aprender su idioma, donde sus compañeros de pupitre, si  hay alguno extranjero, generalmente no habla castellano, porque se hace una previa selección de quienes entran. Les hablan desde la niñez de las ventajas de la separación de un Estado opresor que no les quiere y encima tienen que contribuir con sus impuestos a la solidaridad entre las Comunidades Autónomas con menos riqueza. ¿Qué les importa  cómo se vive en otros lugares si ellos defienden el suyo?
 
Si existen generaciones empapadas de catalanismo y cultivando odio al Estado Español que les roba ¿qué pueden pensar de que el colectivo colombiano, argentino o peruano hayan votado en unas elecciones para elegir presidente de origen? Que huelen a español y que se podrían haber quedado en su tierra. ¿Qué sensación les produce que Susana y Pedro se muestren amistosos, o que Montoro quiera perdonar deuda a las Comunidades? Nada, indiferencia o quizás, recelo. Al resto del País que se acercan elecciones. Vamos caminando en líneas paralelas los unos y otros. 
 
Es posible que desde la postura española se ha dejado de lado el trabajo de acogimiento y simpatía hacia los catalanes, siempre se han visto como socios del Gobierno y la moneda de cambio ha sido más catalanismo para ellos. Se nos ha olvidado a todos decirles que les queremos dentro de España, que tiene en sus manos la comunidad más rica y próspera de la que nos sentimos orgullosos y que el catalán puede coexistir con el Español, pero que conozcan la lengua de Cervantes ¡es la leche!, riquísima. Y que si son importantes siendo catalanes, aún lo serían más si fueran españoles catalanes y europeos. Cuando las relaciones de armonía que deben imperar, se aparcan por la imposición legal y coercitiva, el resultado salta a la vista. Argumentos para volver atrás, tiene Vargas Llosa, él es la literatura, llevarlos a cabo es el tiempo y hace falta más que palabras. Este trabajo le corresponde a todos. 
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