miércoles 21 febrero 2024
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Pisa y el móvil

Suele decirse que “las mejores oportunidades en la vida siempre llegan disfrazadas con el traje de faena”, cuestión que a todas luces confirma eso de que el éxito nunca es amigo de las tumbonas y los brazos cruzados. En estas estamos cuando el reciente informe PISA pone en evidencia entre otras cosas que España obtiene los peores resultados desde que existe esta prueba educativa que empezó a publicarse en el año 2000. En este reporte trianual, elaborado por la OCDE, se evalúa el rendimiento educativo de los estudiantes de quince años fundamentalmente en áreas clave como matemáticas, lectura o ciencias y en el que han participado más de ochenta países.

Desconcertaría pensar en la sociedad de futuro, en nuestros médicos, ingenieros, científicos, docentes y tantas otras profesiones que requieren una sólida base de conocimiento para elevar el nivel de los servicios que se prestan a la comunidad. Los resultados presentados muestran lo que hay en las aulas de nuestros institutos, muchas veces con numeroso alumnado desmotivado por la enorme injerencia de las redes sociales y las pantallas cuando se usan para fines no precisamente educativos.

Así las cosas, ya vimos como algunas comunidades autónomas y entre ellas Andalucía querían poner el dedo en la llaga de esta creciente herida y pasaban a elaborar la norma por la que se prohíbe el uso del móvil en clase. En este sentido, la semana ha tenido como noticia relevante que el Consejo Escolar del Estado ha aprobado, por unanimidad, la prohibición del móvil en los centros educativos, excepto en Secundaria, cuando el fin sea pedagógico o en determinados casos relacionados con la salud y seguridad del alumnado.
Siempre hay motivos de esperanza y ojalá, con el buen hacer de todos los sectores implicados, queden sentadas pronto todas las bases para conseguir que los móviles sean usados como herramienta y no como el pesado lastre que está dificultando el aprendizaje. Por lo pronto, mientras eso llega, lo que parece estar claro es que al menos en los patios no va a verse tanta cabeza agachada y habrá más conversación con el consiguiente desarrollo de habilidades sociales.

Todo está por ver. Lo que parece claro es que se van a evitar bastantes problemas y los docentes, siempre en el punto de mira, van a tener menos dificultades para desarrollar algo mejor su trabajo. En la actual década, donde la psicología positiva ha ganado tanta relevancia, las escuelas deben incorporar sus principios como herramientas eficaces para orientar a los estudiantes en el descubrimiento y el cultivo de un deseo constante por el aprendizaje. Al hacerlo, no solo se construirán conocimientos académicos, sino también un sólido pilar para fomentar el crecimiento personal, lo que a la larga será un valor por su contribución positiva a esta sociedad cada vez más exigente.

Todo ello sin olvidar que el verdadero motor de la educación pasa por la promoción de personas felices, no en vano siempre viene bien recordar a aquel estoico emperador romano cuando decía que “la felicidad no consiste en poseer todo, sino en saber disfrutar de lo que se tiene, porque es un estado de ánimo interior que no depende de las circunstancias externas”.Marcus Aurelius, “Semper aeternum”.

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