sábado 25 julio 2026
InicioReligiónDomingo XVII (Ciclo A), 26 de julio de 2026: Nuestro encuentro personal...

Domingo XVII (Ciclo A), 26 de julio de 2026: Nuestro encuentro personal con Jesucristo

Queridos hermanos: Estamos legamos al final del mes de julio. Y en medio de la canícula, continuamos disfrutando de las enseñanzas del Maestro, de sus parábolas. Tal vez en otros tiempos, en los que “lo religioso” estaba presente en toda la sociedad, y lo impregnaba todo, la fe pudo llegar a vivirse de otra manera, casi por costumbre. Hoy en cambio, en un mundo secularizado, nos jugamos todo, ni más ni menos que en nuestro “encuentro personal con Jesucristo».

Este encuentro con Jesús es la única realidad que puede cambiar radicalmente nuestra vida. Como cambió la vida de aquellos primeros discípulos a los que Jesús les invita a dejar las redes para convertirse en “pescadores de hombres”. Por eso la primera cuestión que nace del texto del evangelio de hoy es una de la más importantes que se nos pueden presentar en nuestra vida cristiana: somos conscientes que con la fe tenemos un tesoro en nuestra vida, la presencia del Señor en ella.

¿A que podemos comparar las parábolas que hoy nos enseña Jesús? El hallazgo del tesoro escondido o la perla de gran valorse parecen al flechazo de una persona cuando se enamora. Toda su realidad se transforma y solo puede pensar y sentir en aquella persona que le ha cambiado la vida.

Para nosotros, los cristianos, ese tesoro tiene nombre, es Jesucristo, el Señor. El sentirnos seducidos por Él nos abre al gozo de vivir con Él.  La Buena Nueva de ese Reino conmueve los corazones, despierta una alegría desbordante, causa una entrega apasionada. Los que oyen y comprenden esta noticia, arriesgan todo lo que tienen para pertenecer al Reino que Dios regala.

1.- Hay que descubrir a Dios como el verdadero tesoro de la vida.  El texto ya no nos dice qué vieron, qué sintieron, qué palparon. Sólo nos dice que estaban en el desierto, es decir, donde Jesús no podía ofrecerles nada y, sin embargo, se quedaron con Él.  Quedaron seducidos por su persona. (Jn. 1, 35-39). A Jesús hay que descubrirle como  Alguien que nos ayuda, nos anima, nos hace buenos, nos llena de ilusión y de esperanza.

Notemos que el comerciante dejó de buscar perlas cuando encontró la perla de gran precio. La vida eterna, la herencia incorruptible y el amor de Dios a través de Cristo constituyen la perla que, una vez encontrada, hace innecesaria la búsqueda. Cristo satisface nuestras mayores necesidades, satisface nuestros anhelos, nos hace completos y limpios ante Dios, calma y tranquiliza nuestros corazones y nos da esperanza para el futuro.

“¿Qué quería decir Jesús con las dos parábolas del tesoro escondido y de la perla preciosa? Más o menos esto: ha sonado la hora decisiva de la historia. ¡Ha llegado a la tierra el Reino de Dios! En concreto, se trata de Él, de su venida a la tierra. El tesoro escondido, la perla preciosa no es otra cosa que el mismo Jesús. Es como si Jesús con esas parábolas quisiera decir: la salvación os ha llegado gratuitamente, por iniciativa de Dios, tomad la decisión, aprovechad la oportunidad, no dejéis que se os escape. Es el tiempo de la decisión”. (Raniero Cantalamessa).

2. Lo que debe motivar la decisión por seguir a Jesús es el “gozo”. La religión de Jesús es la religión de la alegría. Los Salesianos lo tienen claro: “Nosotros ponemos la esencia de la santidad en vivir siempre alegres”. Han captado la esencia del evangelio. Es una mala Catequesis hablar de las exigencias que comporta la vida cristiana sin haber hecho una presentación cautivadora de la persona de Jesús. Si Lucas escribe un evangelio a los no-judíos, es porque Él quedó fascinado por la “bondad y la dulzura de Jesús”. Y si a lo largo de los siglos, miles y miles de hombres y mujeres han dejado todo por seguirle, no es porque eran unos locos, sino porque quedaron entusiasmados de la persona de Jesús.  Lo único que cambia a una persona es otra persona. Y lo único capaz de cambiar la vida de los cristianos es “el encuentro al vivo con Jesús”.

3.- Diferencia entre las parábolas del tesoro y la perla con la parábola de la red. La parábola de la red que se llena de peces y los ángeles separan los gordos de los pequeños y éstos son arrojados al mar, para sacar la consecuencia de que los malos son arrojados al horno de fuego donde hay llanto y rechinar de dientes, no encaja con las dos primeras. Esta parábola, metiendo miedo a la gente, no fue dicha por Jesús sino puesta por el evangelista con fines moralizantes. Notemos que, desde la parábola pronunciada por Jesús, explicada por los predicadores y narrada por el Evangelista han pasado cuarenta años y la parábola ha podido quedar desdibujada. Para nuestra satisfacción, se ha encontrado esta parábola en el evangelio apócrifo de Tomás, redactado en Copto, contemporáneo a los evangelios canónicos y descubierto en 1945. Y dice así:” El reino de los cielos se parece a un pescador que salió a pescar y le entró un pez grande, hermoso. Tiró al mar los pececillos que había pescado, y se quedó con el pez grande”. Ese pez grande, hermoso, es JESUCRISTO,  Los pececillos ya no interesan. Esta sería la parábola original de Jesús, que está en la misma línea de las anteriores.

Este fin de semana, el domingo coincide con la fiesta de santa Ana y san Joaquin, los padres de María Santísima. Desde hace unos años, este día es el día de los abuelos. Una jornada para agradecerles a nuestros mayores todo el bien que de ellos hemos recibido. Tengámoslos hoy presentes en nuestras oraciones. Y si disfrutamos aún de su presencia, que seamos generosos con nuestro cariño hacia quienes les debemos tanto. Feliz domingo para todos, hermanos.

Más información edición digital www.elsoldeantequera.com y de papel.
¡Suscríbase y recíbalo en casa o en su ordenador, antes que nadie (suscripción)
 
NOTICIAS RELACIONADAS

Más recientes