Con 30 años es maestro en el Colegio de María Inmaculada, directivo de la Soledad por cuya imagen profesa gran devoción y cofrade de Estudiantes y Consuelo en Antequera. Destaca el valor cristiano de las personas. Sueña con pasar por Madre Carmen en su procesión y que llegue a ser santa. Es uno de los artífices del buen gusto en los altares de su cofradía.
José Carlos Jiménez Galán es de esas personas jóvenes, formadas y que hacen piña de cofradía. Sin pretensiones de primeras filas, le gusta estar atrás, trabajar siempre por la hermandad y es eje del buen gusto que se respira en altares y forma de procesionar. Además, es de los fervientes seguidores de la Beata Madre Carmen.
Sigue en la nueva junta directiva que preside ahora María José Sánchez. “Somos continuistas porque seguimos las mismas personas y al final vamos a seguir todo el trabajo que han hecho nuestros hermanos mayores anteriores, pero siempre aportando algo nuevo”. Por su parte, su vinculación surgió “desde pequeño, en la propia acera, viendo la procesión con mis padres y mis tías. Me llamaba mucho la atención esa noche mágica, ese transcurrir de la procesión por la calle Estepa, el silencio, la luz de las velas, el humo del incienso”.
Hace quince años “mi querida amiga Puri, me animó a participar en la cofradía y gracias a ella, empezó este sueño”. Y su primera misión fue: “Como dalmático en la extraordinaria que se hizo con la Virgen por el 25 aniversario de la reorganización. Y a partir de ahí, luego de pertiguero y ya comenzamos a ayudar en mayordomía”.
¿Del Cristo o de la Virgen? “Obviamente de la Virgen, yo soy muy mariano. Estoy muy relacionado con el tema de la vestimenta y con mi Virgen del Carmen también, pero obviamente el Cristo es una talla imponente, no podemos dejarla atrás, una talla magistral. Es uno de los más desconocidos de Antequera”.
Ser devoto del Santo Entierro… ¡qué complicado! “Así es, pero luego es verdad que el ambiente fúnebre, de recogimiento, de silencio, es una opción muy atractiva fuera de todo lo que es la fiesta, de la tradición aquí en Andalucía, vivir la Semana Santa de una forma distinta al luto castellano. Nosotros es verdad que nos podríamos más asemejar a ese luto, a cualquier persona que esté en soledad”.
Forma parte de esa generación, del buen gusto de altares, ese catafalco, cómo visten de diferente y única a la Virgen en los últimos años… “Todo gracias a un equipo de albacería que nos echa una mano y que sin ellos pues no sería posible. Y sí, siempre tendemos a intentar imitar los altares que antiguamente se hacían, obviamente con un poquito más de evolución, intentando que haya un equilibrio estético, pero siempre destacando el valor de la imagen, tanto de la Virgen como del Santo Entierro”.
José Carlos, un joven cristiano antes que cofrade. “Antes que cofrade hay que ser cristiano, eso es lo más importante. Y obviamente una persona que es cofrade no debe olvidarse que lo fundamental es Cristo, debemos de ser cristocéntricos, que así es como San Francisco era, quien siempre acudía a la Eucaristía. Es donde nosotros debemos acudir en nuestra vida para cualquier problema que tengamos”.
¿Qué le aporta ser cofrade? “Una persona que es cofrade tiene que tener esos valores cristianos y a mí personalmente me da mucha alegría, mucha paz, mucha tranquilidad el saber que cuando voy a la iglesia, voy al Carmen o voy a mi Virgen de la Soledad, me voy a encontrar reconfortado”.
¿Qué le queda por vivir en su cofradía? “Verla pasar más por Madre Carmen y que un día, cuando sea santa, ojalá pronto podamos pasar y que las hermanas le recen como tan bonito lo hicieron en los años en los que pudimos pasar por allí”. Tiene en su sentir, el rumbo que podría dar un vuelco a nuestras cofradías en el albor del segundo cuarto de siglo.




