martes 20 febrero 2024
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No llueve y no hacemos nada por la sequía

Vivimos en una sociedad donde lo blanco ya no es blanco ni lo negro es negro; incluso ya ni gris. Aquí hoy es blanco roto y azabache. Cuando dices “sí”, será no. Y al vocalizar “no”, luego será sí. Es 7 de octubre. No llueve, no se espera lluvia, ni se conciencia con el peligro que puede pasar a más porque es la tendencia: sequía y nula agua.

Escribimos estas líneas tras maquetar la colaboración de uno de los maestros decanos de estas páginas, Fernando Rodríguez. En su artículo nos manda un mensaje rotundo: se recicla el agua, pero ¿se hace todo lo que se puede? La que no se recicla, ¿se vierte a la Vega? Y, como no llueve, los arroyos no corren, no limpian y todo pasa a niveles freáticos.
¿Puede afectar a la calidad de lo que comemos y bebemos? ¡Con lo buenas que están el agua y los productos que salen de la vega antequerana!

Vayamos por partes. No llueve. Lamentablemente es algo ya que no es noticiable. España padece un proceso de desertización y apunta a dejar las tierras sin agua, sin vida, sin ninguna riqueza. Pero el sur no es un desierto, tiene ciudades, pueblos, vida… ¿No nos damos cuenta del problema que es ya?

Pantanos. Hablar de ellos es reavivar tiempos pasados, por lo que o se emplean términos como espacios de almacenamiento pluvial o no se hace nada. Que es lo que hacemos hoy. Protestar, hablar y dejar que otros trabajen. Lo poco que llueve, o mucho en poco tiempo, se pierde, no llena embalses.

Reciclaje. Desaladoras, plantas de reciclaje, inversiones, pero ¿lo notamos ya? ¿Cómo evitamos que el agua desaprovechada no se reutilice para regar campos, jardines o para la limpieza viaria? ¿Cuál será la solución del poco agua que nos queda?

Acuífero de la Villa. Tenemos el mejor regalo de la Naturaleza. El agua que cae sobre El Torcal y termina en un acuífero hasta ahora sin fin para una población como la de Antequera. Pero si no llueve en breve, habrá que pensar en restricciones como las recordamos hace unos 30 años. Y nos preguntamos, ¿hay plan b?

Conclusiones. Iznájar. ¿Cuántas veces lo hemos escuchado? Muchas, pero ¿alguien ha movido un dedo para tramitarlo? No, pero sí para criticar una y otra vez a la administración del partido cualquiera que no sea el mío, obviamente.

Hoy, ya no hay políticos al servicio del pueblo. Son partidos al servicio de sus siglas y de sus intereses. Estamos en el segundo intento de investidura. Aquí lo importante es tener votos para gobernar y asegurarse su respaldo en el mandato a iniciar. Una utopía sería que lo que decidiera el voto fuera un plan nacional de desaladoras, depuradoras o trasvases. Algo imposible sería potenciar herramientas que palien la sequía.

Mientras, personas como Fernando Rodríguez, como Antonio Luque, no paran de recordar los problemas de la falta de agua. Ellos tienen razón con motivos y argumentos. El problema es que hoy esas herramientas, como son las palabras con argumentos, ya no valen para la vida política. Hoy, nunca mejor dicho, “al enemigo ni agua”.

El problema es que ese enemigo somos nosotros, serán nuestros hijos y nietos. ¿Tanto cuesta percatarse de este problema? Ojalá nos concienciemos y el tema del agua sea tomado en serio porque al igual que el oxígeno que respiramos, es esencial para la vida. El día que así lo asuman nuestros políticos, habrán dado un giro a la sociedad en la que vivimos.

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