martes 28 mayo 2024
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Condes de la Camorra. IV Conde: Luis María Pareja Obregón (X)

Continuamos esta semana con la historia del IV Conde de la Camorra, Luis María Pareja Obregón. En el discurso pronunciado por el Conde de la Camorra Luis María Pareja Obregón con motivo de su designación como Alcalde antequerano por cuarta vez tras la Revolución de 1835, describe la pésima situación en que se encuentran los servicios públicos más esenciales del Ayuntamiento y hace un análisis riguroso de los mismos detallando todos y cada uno de ellos. 

Transcribimos a continuación parte del discurso del Conde porque nos da una idea exacta de la situación de Antequera en aquellas fechas. Entre otras cosas dice…

“Que el servicio de alojamientos y bagajes no ha conocido otras reglas que las del capricho y la parcialidad. La  cárcel no es lugar de seguridad sino de disolución y opresión; y si bien los delincuentes son dignos de castigo también lo son de compasión y de ser tratados cual exige la noble dignidad del hombre. 

El numeroso vecindario de esta ciudad, la segunda de la provincia, usa de aguas insalubres e inmundas, cuando la naturaleza la ha regalado con dos abundantes nacimientos y cuando aún permanece sin concluir el magnífico y sólido acueducto que tuvo su principio en la gloriosa era de 1822. (Se refiere al de la Magdalena).

Los exorbitantes derechos y multitud de arbitrios que gravaban sobre las carnes, han conducido a un sobreprecio tan excesivo que han producido multitud de despachos clandestinos en los que con perjuicio del productor y de la Hacienda, se matan y consumen todas las reses enfermas y de reprobada adquisición. 

La ciudad en sus fatales empedrados no permite se transite por sus calles sin grandes molestias y sin conocido peligro: las inmundicias y animales muertos, la permanencia de cerdos y la falta de aseo demuestran no haber existido Policía Urbana. 

Los Propios, se hallan en bancarrota. Los mendigos llegan al infinito y los vagos y malentretenidos se pasean públicamente como si para su corrección no hubieren prescrito las leyes su remedio. El Pósito no ha llenado la institución benéfica en utilidad del labrador indigente y se ha transformado en un banco de granjería. 

Los riegos no siguen el orden de derecho de las posesiones sino el bárbaro de la fuerza, gracias al funesto sistema de vender las acequias. 

El Hospital y casa de expósitos exigen que se eche el resto a la caridad, a la generosidad y a la más prolija administración, para que los enfermos y los niños no encuentren la tumba en el lugar mismo donde buscaban la salud, crianza y educación.

Antequeranos, horroroso es el cuadro que acaba de bosquejarse, pero exacto por desgracia. Más de una vez vuestro ayuntamiento ha titubeado en expresaros con desnudez estas verdades amargas pero prefiriendo ser franco y leal, al fin se ha decidido a mostraros las cosas cuales son en sí.  

Ved aquí por qué muchos vecinos honrados han resistido hasta lo último en varias ocasiones el aceptar el honroso cargo de concejal. El ayuntamiento nuevo piensa ordenar por medio de reglamentos todos los ramos de la administración… se propone además conservar a todo trance el orden público. 

La Guardia Nacional (nueva denominación de la Milicia) cuyo primer instituto es conservar el orden, auxiliará al ayuntamiento, robustecidas sus filas con todos los vecinos honrados y pacíficos. Esta guardia Nacional se aumentará… y limpiará de los que son desdoro del cuerpo. Guerra abierta a todos los enemigos de la libertad, de las reformas y de los progresos. 

El ayuntamiento ha hablado y está resuelto a cumplir sus promesas. Viva Isabel II. Viva la Reina Gobernadora. Firmado El Conde de la Camorra”.

No era el Conde, hombre solo de palabras sino de acción y días después de pronunciado tan riguroso y pesimista discurso, intenta cumplir las promesas realizadas. 

Una de ellas, la cuestión de seguridad, es acometida ante la gran cantidad de hechos delictivos que se venían produciendo en el campo por parte de los bandoleros que infestaban la comarca, con la propuesta de creación de una Guardia Rural que la patrullara. Se presupuestó su coste en 57.305 reales, dinero que se repartiría entre los diferentes pueblos de la comarca proporcionalmente a la contribución de cada uno.

El dieciséis de febrero redactó en base a otra de las promesas, un nuevo proyecto de Reglamento de Alojamientos y Bagajes. Este servicio de gran interés para el ejército, obligaba por turnos a alojar en las casas de los más pudientes a los integrantes de las fuerzas militares que se encontraban en tránsito o destinadas en la ciudad, lo que provocaba muchas protestas, pues en caso de oficiales conllevaba dar habitación y alimentos no solo a ellos sino también a la familia que le acompañaba, con los consiguientes gastos, molestias y pérdida de intimidad familiar que ocasionaba a los obligados anfitriones.

El veintitrés de marzo el Gobierno Civil aprobó el expediente que se le había remitido para dotar de alumbrado a la ciudad y la creación de un servicio de serenos permanente.

El veinticinco de mayo y tras la moción presentada por Manuel Moya, Procurador del Común, sobre la conducción del agua a la ciudad, que se había comenzado en 1822 y que estaba paralizada, el ayuntamiento aprobó una comisión para su estudio y posterior continuación de las obras. Se impulsó también la reorganización de la Milicia Nacional, con expedición de los nuevos títulos de los oficiales por el Gobierno Civil y se propuso como casa cuartel para el cuerpo el edificio del suprimido Convento de los Remedios.

Dimisión de Mendizábal

Mientras tanto en el país, Mendizábal, que había gestionado positivamente las primeras reformas emprendidas y había comprometido en ellas a la Corona y a amplios sectores del país, presentó su dimisión el 15 de mayo de 1836 al negarse la Reina Gobernadora a firmar el relevo de determinados militares que aquel le había propuesto. Le sustituyó Isturiz, que disolvió las cortes y convocó elecciones que se celebraron en primera vuelta del 13 al 15 de julio y aunque se presagiaba la victoria del nuevo Gobierno, la segunda vuelta no llegó a celebrarse porque estallaron de forma repentina movimientos subversivos en diferentes zonas del país a favor de la Constitución de 1812. 

El momento álgido de la revolución fue el motín de los sargentos de la Granja el día doce de agosto, quienes  se apoderaron de la Corte que allí veraneaba y obligó a la Reina Regente a jurar la constitución de 1812.

Revolución de 1836

En Antequera la revolución del verano de 1836 siguió los pasos de la iniciada en otros lugares del país y especialmente en Málaga, cuyos disturbios habían empeorado a lo largo del mes de julio, constituyéndose a finales de ese mes una Junta Revolucionaria que tomó el poder. Esta Junta Provincial envió carta al ayuntamiento de Antequera para instar a sus habitantes a abrazar la causa de la libertad y la constitución de 1812.

El treinta de julio se reunió el Ayuntamiento antequerano en el salón del Convento de Los Remedios, a fin de celebrar Consejo General con los distintos representantes de la ciudad, mayores contribuyentes, la Guardia Nacional,  gremios, etcétera; y dar respuesta a los requerimientos de la capital. 

El día dos de agosto, ante las manifestaciones y gritos que profería la multitud a favor de la Constitución en la Plaza de San Sebastián y de ciertos movimientos ocurridos en la Guardia Nacional, el Conde de la Camorra, Luis María Pareja Obregón, como Alcalde, llamó al Comandante de Armas a su presencia, quien le informó de las proclamaciones efectuadas en las provincias de Córdoba, Cádiz y Sevilla a favor de la Constitución de 1812. 

Acto seguido, el Conde hizo entrar en el pleno que en esos momentos se celebraba, a una diputación de la Guardia Nacional y tras congregarse una multitud de manifestantes a las puertas del ayuntamiento, el propio Luis María Pareja cedió su puesto de Alcalde al regidor Juan Antonio Pardo y se puso al frente de la Guardia Nacional como Comandante interino, proclamando la Constitución del 1812 y manifestando a viva voz desde los balcones del ayuntamiento que “desde luego era llegado el caso de que todos a una voz dijesen, viva la Constitución, viva la Reina constitucional, viva la libertad”.

El once de agosto se reunió el Ayuntamiento a requerimiento del Teniente Coronel Nicolás Guerrero, Comandante de la Segunda División Expedicionaria de Málaga y Vocal de la Junta de Gobierno de la provincia, quien comunicó y advirtió que debía reorganizarse la Guardia Nacional y que debían jurar la constitución todos los miembros del ayuntamiento, lo que se cumplió al día siguiente.

Marqués de Fuentepiedra como Alcalde

Aunque se decidió en esos primeros momentos revolucionarios la continuidad del ayuntamiento vigente al mando del Conde de la Camorra, el día veinticinco de agosto de 1836 se convocaron nuevas elecciones y la corporación quedó constituida el cuatro de septiembre nombrándose como Alcalde-Constitucional a José María Casasola y Cuéllar, Marqués de Fuentepiedra, quien en esos momentos se encontraba ausente al haberse marchado de Antequera, alegando mala salud. 

Al comprobarse la ausencia del Marqués, precisamente en esas circunstancias de tanta gravedad para la ciudad, fue considerado un opositor al Constitucionalismo y a las ideas liberales y criticado duramente por los nuevos concejales electos, hasta que hechos posteriores pusieron de manifiesto el error de esas presunciones.

Lo errado de las acusaciones sobre la actitud antiliberal del Marqués de Fuentepiedra quedaron de manifiesto en el pleno del consistorio del veintisiete de septiembre. En la citada fecha se había reunido el ayuntamiento sin el alcalde, pues el Marqués de Fuentepiedra aún no había comparecido para la toma de posesión, a fin de deliberar sobre las medidas a adoptar ante las graves noticias circulantes de que hasta Úbeda y Baeza habían llegado los facciosos de Gómez, (general Carlista, Miguel Gómez Damas) en su recorrido de guerra contra las fuerzas cristinas por el territorio nacional. Al tiempo desde Andújar se recibían otras nuevas, comunicando que efectivamente facciosos al mando del rebelde Gómez estaban invadiendo Andalucía. 

En el transcurso de ese pleno que celebraba el consistorio antequerano se recibió una nota del Marqués de Fuentepiedra que se encontraba en su casa de campo, enviada a través de un criado y dirigida al Secretario del Ayuntamiento Agustín de Rojas, en la que le comunicaba literalmente lo siguiente: “Amigo Rojas, a nadie veo, ni nadie me ve, así no sé nada, pero Muriel acaba de decirme que hay facciosos en Úbeda y que se yo que más, dígame Vd. lo que sepa y haya de oficio por si amenaza algún peligro probable, estoy bueno y pronto a todo, aunque al segundo día me muera”.

La nota fue leída en el pleno y los regidores fuertemente emocionados por el contenido de la misiva, acordaron formar una comisión que se dirigiera a casa del Marqués para agradecer su valentía, reconocerle su honorable actuación y para que tomara posesión como alcalde.

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