lunes 24 junio 2024
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Esa forma de enseñar es nueva… domingo 31 de enero de 2021

Preciso texto evangélico el de este domingo. Estoy casi seguro que a todos nos llama la atención el asombro de los judíos, ante ese “enseñar nuevo” de Jesús. Todos ellos  estaban asombrados. Lo que Jesús enseñaba y hacía era superior a cuanto habían visto y oído. Nunca habían encontrado una relación tan estrecha entre: el hablar-actuar. Por eso se preguntaban, ¿quién era aquel que hacía que en sus vidas resplandeciera una luz diferente? La respuesta está en el cumplimiento de la promesa que Dios había hecho a través de Moisés, a quien dijo: “Yo haré surgir en medio de vosotros un profeta como tú”. ¿Y en qué consiste ser un profeta como Moisés? ¿En hacer las maravillas que él realizó? El papa nos dice que lo esencial del profeta no es eso, sino tratar con Dios como amigo. Precisamente, porque estaba unido a Dios y confiaba en él, Moisés pudo liberar al pueblo de la esclavitud, hacerlo cruzar por en medio del Mar Rojo, guiarlo por el desierto, alimentarlo con el maná, y ser el mediador de la Ley y de la Alianza.

Ése es el punto decisivo de Jesús: él, que es Dios hecho uno de nosotros, está íntimamente unido al Padre. Y es de esa profunda comunión de amor de donde brota toda su fuerza para enseñar, para actuar, y hasta para sufrir. Así ha podido ser el profeta esperado, que enseña con autoridad. Porque, como explica el papa, profeta no es el que predice el futuro, sino el que muestra el camino que conduce a Dios, en quien el futuro es posible.

Jesús, íntimamente unido al Padre y fortalecido por su Espíritu, es el profeta que nos libera del pecado y de la muerte, y nos muestra el camino para tener una vida digna, para progresar de verdad y alcanzar la eternidad: ser hijos de Dios, vivir unidos a él evitando las distracciones, y, con la fuerza de su Espíritu, amar como él. Tendríamos que saber que en nuestro bautismo Jesús nos ha hecho partícipes de su misión profética ¡En Jesús somos profetas! ¡Tenemos la misión de mostrar a todos el camino que conduce a Dios, en quien el futuro es posible! Y para eso necesitamos estar cerca de él, escuchando su Palabra, recibiendo sus sacramentos, conversando con él en la oración, y hacer lo que nos manda: amar.

Así podremos llevar luz a nuestra familia, a nuestros compañeros, a nuestros vecinos, a nuestros amigos, y a un mundo que yace en las tinieblas de la mentira, la soledad, la injusticia, la pobreza, la corrupción y la violencia. ¡Hagámoslo como Jesús, con humildad y amor! Porque profeta no es el que sabe mucho, sino el que vive lo que sabe. El espíritu inmundo que poseía al hombre en la sinagoga reconoció que Jesús era el Santo de Dios, pero lo rechazó ¿Por qué? Porque, como explica muy bien el bueno de  san Agustín, había en él ciencia, pero no caridad. Si queremos ser profetas de verdad y ayudar a los que nos rodean, permanezcamos unidos a Dios y sirvamos a todos con humildad y amor. En esto último es donde está presente la caridad. No pretendamos  enseñar desde la ciencia, sino desde el amor. Ésa era la diferencia que encontró el pueblo judío con el enseñar de Jesús. No enseñaba desde la ciencia sino desde el amor.

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