domingo 24 septiembre 2023
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No sufran por amor

El amor nunca deberá producirnos sufrimiento. Cuando sufrimos por amor, tendremos en cuenta que, lo que entendemos como amor, afecto, apego… está dejando de serlo y estaremos entrando en los términos de una posesión, por una parte, o en los miedos propios a la perdida de algo motivada por nuestra propia inseguridad, del otro lado.

Ello, siendo un grave error, constatado, explicado y repetido por psicólogos y expertos de las relaciones entre personas, está tan metido en la sociedad, que incluso está mal visto el que, un miembro de una pareja, pueda estar viendo a su compañera, bailando con otras personas y no sentir nada de “remordimientos”, no sufrir por ello, no expresar un mínimo desapruebo, aunque fuere en términos limítrofes con la hipocresía.

Si tomamos una pequeña ave entre nuestras manos y la retenemos solo por el mero hecho de observar la belleza, su perfección y capacidad para mantener el cuerpo ingrávido durante largas migraciones, horas y horas de vuelo, sin más rumbo ni guía que las capacidades otorgadas por la Madre Naturaleza a tan frágiles vertebrados, por mucho amor que podamos sentir hacia tan perfecto ser, sino le otorgamos la libertad, si no abrimos nuestra mano, para que pueda seguir volando, estaremos les decía, entrando en el terreno de la posesión. ¿Piensan que nos va a devolver amor, aquel ser, al que retenemos en contra de su voluntad?

Cuando un jilguero se posa en el más frágil cardo, para extraer las semillas que le proporcionaran el alimento, no tiene miedo a que el leve tallo de la espinosa hierba se pueda quebrar, sabe que su capacidad motora le salvaría en todo caso de una hipotética caída. Si estamos seguros de ser correspondidos, si tenemos la tranquilidad que una vez nuestra deseada y admirada ave, cumpla con sus destinos de vuelo, volverá de nuevo a nuestro regazo, al apego de nuestra mano, será, en ese momento, que habrá desaparecido todo rasgo de miedo a perder nuestro ser deseado, el amor yacerá junto a nosotros convirtiéndose en una realidad plena, sin sufrimiento alguno.

Son nuestros miedos, nuestras carencias, las inseguridades, los que nos infunden el sufrimiento y nos llevan al fracaso, y no solo impiden, las más de las veces, el ser correspondidos, también nos van cercenando en el día a día, limitando nuestras acciones, nuestros anhelos, impidiendo conseguir metas, que por ende, no podremos alcanzar y seguir creciendo.

Me voy a la imagen que hoy les dejo, estamos saturados de información metereológica con nombres nuevos. Mammatus, son aquellas nubes que se forman cuando el aire frío desciende y se une al cálido que asciende, verlas es sinónimo de tormenta. Caminar por los agrios del Torcal con lluvia, es un riesgo innecesario. Para poder caminar por las zonas altas de las piedras, vamos a necesitar una serie de precauciones que nos deben llevar a mitigar o limitar al máximo, el riesgo de caídas que pudieran muy bien crearnos un grave problema. Si aparece la lluvia lo mejor es salir de estas zonas cuanto antes.

Amar, es una actividad de riesgo, sí. Abrir la mano y que nuestra ave retenida, pueda volar, también lo es, ¡podemos perderla! Caminar por entre agrios en la sierra, si no vencemos la claustrofobia, si no dominamos el vértigo, también nos va a resultar casi imposible, disfrutar de los mágicos paisajes que esta nos brinda, sin un mínimo de seguridad. Sin capacidad para superar nuestra inseguridad y los sentimientos de inferioridad producidos por los celos, complicado tendremos el ejercicio de compartir amor con pareja alguna. En llegando el motivo oportuno, tendremos el problema.

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