Con 69 años, José Cuenca Hidalgo tiene su vida inundada de recuerdos de devoción con su Virgen del Socorro de Antequera. Es del barrio y vive con esa pasión de asomarse y ver a su Virgen del Socorro siempre que puede. Penitente, hermanaco y ahora es de los que lleva la bandera y las mazas abriendo el cortejo de su cofradía.
Los barrios y la sangre son pilares fundamentales en la devoción de las imágenes de nuestras cofradías. El Portichuelo y la Virgen del Socorro marcan la vida de muchas personas, entre ellas de Pepe Cuenca, como le llaman cariñosamente sus amigos cofrades de “Arriba”.
Es familia de “Dolorcitas”, la ferviente cuidadora de la Virgen del Socorro. “Mi abuelo era primo de ella, de Dolorcitas, por parte de mi padre”. Su primer recuerdo es “verla de salir desde niño” cuando se intentó “llevarse la Virgen a Málaga y hacer una guardería en el Portichuelo. Lo que pasa es que el barrio se levantó y hubo muchas personas protestando y cogieron firmas para que no se la llevaran. Se quedaron a dormir y todo para evitar que lo hicieran. Nosotros éramos niños y Dolorcitas hacía mucho para que la Virgen se quedara en la iglesia. Ella fue como un civil”. ¡Menos mal que existen los barrios y los devotos!
Está en todo lo que hace falta en Jesús, pero nunca ha sido directivo. “Cofrade, penitente y hermanaco, ayudo a todo lo que haga falta, como si fuera directivo”. Su primera participación en la procesión. “De penitente en el Señor. Tenía 14 años, que fue cuando entró la cofradía actual, cuando se reorganizó”. Luego… ¿hermanaco de la Virgen? “Así es, tenía 19 años y fue antes de irme a la mili y he estado hasta que me he jubilado a los 65 años”.
¿Qué diferencia hay de llevar a la Virgen hace 40 años a hoy? “Ahora pesa menos, antes pesaba mucho más, muchísimo más. La Virgen ya se le han quitado todos los tableros que tenía en el trono, el hierro, ya lo que tiene es aluminio, antes era cuando salía ‘Michelín’ y muchísimas personas mayores que ya no están”.
¿Cómo se vive la fe a la Socorrilla debajo de las andas? “Tienes una ilusión porque la llevas a Ella. Vamos, que subes las cuestas, y no te pesa y llegas arriba cuando menos te lo esperas”. Y la gente en la acera ¿se nota cuando la miran? “¡Uy, bastante, muchísimo! Antes las aceras estaban a tope y nosotros subíamos que no nos lo creíamos”.
En su vida habrá tenido momentos complicados. “Sí, muchísimos”. La Virgen le habrá ayudado y otras veces… “Pero la fe sigue ahí cuando las cosas están mal y se agarra a ella y pide uno que ya, que no sufra más… como con mis padres, como cuando se me han ido hermanos jóvenes, que han sido mucho de la Virgen”.
Pero Ella pasa de llorar a sonreír cuando ve cómo sus hijos siguen sus pasos. “Mi Francisco sigue desde niño, que venía conmigo y es hermanaco del Señor y es un orgullo muy bonito”. Pepe está casado con Socorro Garrido Morales con quien tiene dos hijos: Francisco Javier y Rocío.
Con los de “Abajo”, ahora gloria bendita, vivió seguro los años complicados. “Había discusiones, el mismo Viernes Santo porque entonces la banda le tocaba a un año a una la salida y a otra, a la mitad del recorrido y a veces se iban más tarde con la otra y ya empezaba el lío”. Nos quedamos con lo positivo: el “encuentro” en San Sebastián, la “despedida” en la citarilla… “Es lo más bonito que ha habido”. Uno de “Arriba” cuando ve a la Virgen de la Paz, ¿qué siente? “¡Hombre, gusta también porque es del barrio y gusta la Virgen! A mí también me gusta mucho verla porque ha sido una cofradía que ha luchado por todo lo que ha podido, como todas”.
¿Qué le gustaría ver que no haya visto con la Virgen de Socorro? “Es que lo he vivido todo: la Coronación es de lo más grande, cuando se salió el Domingo de Resurrección…”.




