sábado 6 junio 2026
InicioReligiónCorpus Christi: La Iglesia, si no habla de Cristo no tiene razón...

Corpus Christi: La Iglesia, si no habla de Cristo no tiene razón de ser

La Iglesia, si no habla de Cristo no tiene razón de ser. Y hoy, Día del Corpus, si no hablamos de la Eucaristía no tenemos razón de ser. Cuando yo era párroco llevaba la comunión a los enfermos, y, tras dársela, quedaba unos instantes en silencio, después en voz alta rezaba una de las más bellas plegarias eucarísticas: “O sacrum convivium”.

Plegaria que llama a la eucaristía “sagrado banquete”. Banquete, porque el Señor se nos da como comida. Se nos da, y por eso quien recibe el don de la Eucaristía ha de darse. Tan claro es esto que antes de comulgar se nos invita a “darnos fraternalmente la paz”, pues para darnos a los demás hemos de superar todo lo que nos separa.

Pero la Eucaristía es un banquete ‘sagrado’, es decir, separado de lo profano, pues nos introduce en el tiempo de Dios. Deberíamos entonces venir a la misa sin prisas, ya que venimos a estar con el Señor. Y prosigue la plegaria: “in quo Cristo sumitur”, “oh sagrado banquete en el que se recibe a Cristo”. En el que Cristo se pone en nuestras manos y se nos dona sin reserva. Por ello, la eucaristía debería ser el imán de nuestro gozo y amor. El imán que nos lleva a darnos y a entrar en comunión –unión común– con todo lo que Jesús ama: su creación y en ella, especialmente, a las personas.

Y esto, tan es así que para que esta verdad quede más clara, el día del Corpus se nos invita a acordarnos de Caritas. La eucaristía, Cuerpo de Cristo, nos empuja a amar al hermano y a vivir lo que dijo Jesús: “lo que hagáis al otro a mí me lo hacéis”. Y prosigue la plegaria: “Recolitur memoria passionis eius”, se hace memoria de su pasión. De su pasión, porque entrar en comunión con el cuerpo de Cristo, es traer al corazón su amor llevado hasta el final, hasta la entrega de su cuerpo y sangre derramada. Por tanto, traer a la memoria del corazón –recolitur– el amor de Cristo entregado, nos lleva a tener presente que padeció y murió, por causa de la dignidad del hombre: por poner la dignidad del hombre, por encima del partido, el país y la religión; que sufrió la pasión por decirnos que la causa del hombre es la causa de Dios. Benditos nosotros si comulgamos de verdad, porque entonces haremos nuestra la causa Dios y de los hombres, nuestros hermanos.

Y si así vivimos la eucaristía, el alma se llena de gracia: “Mens impletur gratiae”. Su presencia nos llena, tanto, que él habita en nosotros; tanto, que nos convertimos en sagrarios vivos; tanto, que deberíamos transparentar una sobria ebriedad de Cristo muerto y resucitado, o como decía San Manuel González, ‘nuestro amor a la eucaristía debe eucaristizarnos, hacernos eucaristía’.

Y concluye la plegaria: “et futurae gloriae nobis pignus datur”. La gloria futura ya ha comenzado, ya tenemos su anticipo. Y es que ya nada podrá separarnos del amor y alegría de Dios manifestada en la eucaristía, por ello, si cuando recibimos la comunión, adoramos en silencio al Señor, le decimos cuánto lo amamos y nos convertimos en testigos de tan infinito amor, entonces se nos “está dando la prenda de la futura gloria…”.

Oh sagrado banquete
en el que se recibe a Cristo:
se hace memoria de su Pasión,
el alma se llena de gracia
y se nos da la prenda de la gloria futura.
¿No creen ustedes que es para dar gracias a Dios, hoy y siempre, por este increíble regalo?

Más información edición digital www.elsoldeantequera.com y de papel.
¡Suscríbase y recíbalo en casa o en su ordenador, antes que nadie (suscripción)
 
NOTICIAS RELACIONADAS

Más recientes