jueves 18 julio 2024
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La tertulia del café

Paseaba lento y despacio por Recoletos, y mis pies cansados pisaban hojas sin concierto, cada una, era la frase de un verso palabra a palabra, que jugando alocadas entre sonrisas de muerte, calle abajo, se las llevaba el viento.

Bajé por Rosales, aún había vida en aquellas rosas rojas, otras, tras lo vivido, desmenuzada su historia, morían lentamente, secas, y mustias, preparadas quizá, para tomar al asalto a que lindo poema que desde su sepultura cárcel de papel la recibirá por los tiempos pasados y presentes del amor. Aquel libro, amalgama de nuestros clásicos, al pasar de mano en mano, cada cual respetará la rosa seca, a sabiendas de ser un eterno amor, amanecido quizá o renovado a través de los tiempos. Descansando en aquel banco, viendo pasar el tiempo como contemplar el vuelo de aquel Azulón, que de prisa surcaba los cielos de Madrid, camino hacia el lago del Retiro.

Cuánto bullanguerío, cuánta prisa que perece, cuánto silencio olvidado en la ingente multitud. Subir por El Prado, y efectuar una leve inclinación de cabeza, en reconocimiento al amor que impreso en lienzos a través de los tiempos, allí dormita.

Ya despacio saludo a La Cibeles, y… me pregunto ¿qué hago aquí? Casi de seguro me siento huérfano de mi cielo, aún tropezando en aquella entrada al Museo de Ciencias Naturales, o al respirar la esencia del pensamiento la cultura y las letras ante la Real Academia, no, es que me ciega mi tiempo aquí entre tus estancias, Gran Vía de mi alma, Plaza de España, Palacio Real, Puerta del Sol cuyo reloj marca impertérrito cada segundo de mis Pasos Perdidos entre chatos de vino en los Mesones del viejo Madrid. No me encuentro, me pierdo entretanto recuerdos, sacude con un látigo inagotable mis pensamientos todo lo que en ti he vivido.

Ahora es la hora de partir de nuevo y te quedarás para mí con tus vivencias y yo marcharé solo, callado, en silencio, en ese Ave, que en nada me devuelve a La Luz, a mi sencilla vida, a mis recuerdos, a mis pensamientos. Octubre despierta la inquietud, ya estás presto para abrir el tiempo de las transformaciones, de los amores que el poeta plasma sin sentido, de las locuras de los besos robados por parques y atalayas, de las miradas sin alma, de los sentimientos ciegos que enarbolan los espíritus, de aquella rosa que duerme en el portuario tan placenteramente, esperando que de nuevo una mano joven abra, saque aquel libreto cargado de amor. Todo será historia de las historias en los amaneceres cambiantes de ocres por el fondo de aquel parque.

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