jueves 18 julio 2024
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Maldito dinero

“Comprar cosas que no necesitamos, con dinero que no tenemos para impresionar a gente que ni conocemos ni queremos”. Una frase cuya autoría no está muy consensuada –probablemente de Dave Ramsey– pero que pone de relieve lo que probablemente es el mayor objetivo del marketing financiero: estimular el uso de los créditos para hacer pensar que vamos más felices por la vida. Parece ser que usar dinero que no es de uno, siempre te hace más pobre, pero con una autoestima más alta, aunque haya que estar varios años pagando intereses por nuevos objetos que poco a poco se acumulan en las casas. Decía el polémico Bukoski que solo sabrás si tu mente es libre cuando todo lo que poseas quepa dentro de una maleta. Así se transforma una sociedad de consumo que promueve personas endeudadas por comprar impulsivamente cosas para llenar sus vacíos emocionales. 

Atribuía que comprar proporciona un estado temporal de felicidad que mitiga depresión y ansiedad. Dicho esto, y para peor, vemos cómo se despidió mayo queriendo ser recordado como el mes con el euríbor más alto desde 2014, algo que va a significar un notable varapalo al bolsillo de muchas familias con una economía doméstica ya de por si mermada. Al margen de los miles de préstamos concedidos por la banca, se han reflejado esta semana datos de la existencia de más de cuatro millones de hipotecas firmadas en nuestro país a tipo variable y que por tanto toman como referencia la evolución del citado indicador, con incrementos que rondan los seiscientos euros anuales en las cantidades a devolver a las entidades financieras. 

Por si también fuera poco, la prensa ha recogido las recomendaciones del gobierno alemán a su población de que hagan acopio de suficiente agua y alimentos –al menos para diez días– en previsión de una importante carestía de bienes de primera necesidad. Pandemia y guerra aparecen nuevamente como protagonistas de un posible desabastecimiento y un enorme encarecimiento de todos los precios, especialmente luz y carburantes. Mientras se auguran tiempos peores, por aquí, con suerte, el turismo no parece tener miedo y cada día es más visible la presencia de numerosos turistas pateando calles, con su mapa en la mano o siguiendo las indicaciones del móvil camino del monumento o restaurante seleccionado para visitar. Es obvio que esta es la mayor fuente de ingresos de nuestra economía y que al dinero hay que atraerlo, más que perseguirlo. Cuando lo tienes, bien sabes quién eres porque hasta te halagan y te lo recuerdan, pero cuando dejas de tenerlo todo el mundo te olvida. Menos el banco, que te obligará a devolverlo con creces.

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